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El Sinvergüenza De Gumersindo

Libro Almanaque 1973



GumersindoHace muchos años, en un pueblo vivía un hombre muy sinvergüenza. Buscaba dinero prestado y nunca lo devolvía a su dueño. Ya todo el mundo lo sabía.

Cierta vez, Gumersindo, que así se llamaba este hombre, le pidió prestados unos pesos a un señor llamado Isaac. Isaac le contestó que no le prestaba ni un centavo porque él sabía lo sinvergüenza que era.

-Está bien -dijo Gumersindo- no quiere prestarme unos cuantos pesos, pero esto no se queda así. El día que yo muera vendré del otro mundo a ajustar cuentas. vendré convertido en un espanto-. Isaac siguió su camino. Ni caso le hizo a las amenazas que le había hecho el otro.

Días después, Gumersindo le dijo a Elisa, que así se llamaba su esposa:

-Hoy me voy a hacer el muerto. Tú te vas a avisarle a todos los vecinos que he muerto porque me comí unos hongos venenosos.

Gumersindo se puso en la cara polvos de arroz para verse bien pálido. Se acostó en la cama y se hizo el muerto.

Elisa salió de su casa y fue a avisarles a todos los vecinos que Gumersindo había muerto. Por último fue donde Isaac.

Gumersindo-Señor Isaac -le dijo- Gumersindo murió hoy en la madrugada.

-¿Cómo que se murió Gumersindo si hace apenas unos pocos días estuvo conversando conmigo? -preguntó Isaac.

-Usted no se imagina lo que le pasó a Gumersindo -dijo Elisa. -Como no tenía dinero para comprar comida, se fue para el bosque y trajo unos hongos y se los comió. Pero resultó que eran venenosos y murió envenenado.

Isaac se fue a acompañar a Elisa. Llegaron a la casa. Gumersindo se dio cuenta que Isaac había llegado, se estiró, cerró sólo un ojo y el otro lo dejó abierto. -Gumersindo tuvo una muerte muy triste -le dijo Isaac a Elisa. -Morir envenenado..... hasta estirado quedó.

-Elisa, qué miedo tengo, parece que Gumersindo me está mirando, quedó con un ojo abierto. A mí me han dicho que cuando un muerto queda con un ojo abierto, es que va a morir un familiar del muerto o algún amigo cercano.

Cuando Isaac se fue, Elisa salió a recoger limosna. Compró un ataúd y lo llevó a la casa. Buscó leña y unas piedras y las echó dentro del ataúd, calculando lo que pesaba Gumersindo. Luego puso la tapa, buscó unos clavos y un martillo y lo cerró con cinco grandes clavos.

Los vecinos le dijeron a Elisa:

-Elisa, para qué le puso clavos al ataúd, nosotros queremos ver a Gumersindo por última vez.

-Eso es imposible, yo no quiero verlo más porque estoy muy afligida.

Los vecinos se conmovieron al ver llorar a Elisa y no abrieron el ataúd. Al rato se fueron con el ataúd hacia el cementerio y lo enterraron.

Gumersindo se quedó escondido en la casa. A los días, buscó una sábana blanca, y un calabazo que tenían para jalar el agua de una quebrada. Cogió un puñal y le hizo ojos, nariz y boca al calabazo.

-Isaac me las va a pagar -le dijo a Elisa.

Gumersindo sabía que Isaac tenía que pasar todos los días por el cementerio para ir a su casa.

Gumersindo

Como a las siete y media de la noche, venía Isaac camino de su casa, cuando escuchó un ruido extraño. Entonces vio un horrible espanto echando fuego por la boca, que le decía:

-Soy Gumersindo! He venido del otro mundo a vengarme de usted!

Isaac, del susto, le tiró al espanto un rollo de billetes que traía. Empezó a correr y correr y llegó a su casa medio muerto de miedo. Mientras, Gumersindo, muy contento, contaba en su casa los billetes. Isaac le contó a sus amigos que Gumersindo había venido del otro mundo a ajustar cuentas con él. Días después, llegó un joven y le dijo a Isaac:

-Don Isaac, cuando pasé por la casa del finado Gumersindo, si no fue que tuve visiones, lo vi a él por una ventana. A lo mejor Gumersindo no ha muerto, pero si quiere estar seguro, vamos al cementerio y sacamos el ataúd.

Cada uno cogió una pala y se dirigieron al cementerio. Empezaron a cavar y cavar. Sacaron el ataúd de Gumersindo y lo abrieron. Qué cólera se llevó Isaac, al ver que lo que había en el ataúd era un poco de leña y unas piedras.

Isaac se fue hacia el pueblo y habló con el señor Juez. Le contó todo lo que había hecho Gumersindo.

El juez mandó dos guardias a la casa de Gumersindo. Los guardias entraron a la casa, sacaron a Gumersindo y lo llevaron donde el señor Juez.

-Gumersindo -dijo el Juez- lo que ha hecho con todos los vecinos de este pueblo, lo va a pagar muy caro.

Luego le dijo a los guardias que registraran la casa y trajeran también a Elisa. Horas después llegaron los guardias con Elisa y dijeron: -Encontramos este calabazo lleno de agujeros, esta sábana y el dinero.

-¿Qué significa este calabazo lleno de agujeros? -preguntó el juez a Gumersindo.

Gumersindo estaba nervioso de ver que lo habían descubierto y con voz entrecortada contestó:

-Este calabazo con agujeros..... con él asusté a Isaac..... para que pareciera una calavera le puse un pedazo de candela encendida.... como era de noche..... se veía iluminado.

Por todas las fechorías, Gumersindo fue a la cárcel muchos años. Elisa, por ser cómplice de su marido, también fue a la cárcel.


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Gumersindo