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Había una vez un niño...

Libro Almanaque 2006

Tomas EdisonTomás tenía al nacer la cabeza más grande de lo normal y los médicos dijeron a sus padres, Nancy y Samuel, que era posible que el niño padeciera una enfermedad cerebral. Desde ese momento Samuel temió que su hijo iba a ser una pesada carga. Además, Tomás fue creciendo debilucho, cosa que le impidió ir a la escuela en sus primeros años.

Tomás quería saberlo todo y tanta preguntadera fastidiaba a Samuel. En aquellos tiempos se acostumbraba tratar a los niños con dureza, y su padre a veces terminaba pegándole. Entonces Tomás pasaba el tiempo intentando descubrir por sí mismo todos los porqués de su pequeño mundo.

A los 8 años pudieron mandarlo a la escuela. Allí tampoco le fue bien. Ocupaba el último puesto de la clase y los maestros no le tenían mucha simpatía. Lo que sucedía era que a Tomás le costaba mucho entender las cosas en la forma en que los maestros las explicaban. Le gustaba experimentar y necesitaba hacer las cosas con sus propias manos para entenderlas. Y tenía que comprender bien antes de aprenderse algo de memoria.

Un buen día un maestro lo agarró del pescuezo y le gritó que tenía la cabeza hueca. Tomás se fue llorando a su casa. Cuando su madre se enteró de lo sucedido, agarró al niño de la mano y juntos regresaron a la escuela. Nancy buscó al furioso maestro y le dijo: “Mi hijo no volverá más a una escuela donde el propio maestro no sabe lo que dice. Algún día, ya se convencerá usted de que mi hijo tiene mil veces más talento que usted”. Así fue como Nancy, con mucha paciencia y ternura, se encargó de la educación de Tomás.

Para Nancy no fue difícil esa tarea pues de soltera había sido profesora en una escuela. Además, comprendía que Tomás necesitaba sentirse libre, tener las cosas a la vista y experimentar con ellas para aprender.

A pesar de casi no haber ido a la escuela, a los 12 años ya Tomás había leído muchos libros de aventuras, de ciencia y de fantasía. Pero cuando su madre le compró un libro donde se explicaba cómo hacer experimentos caseros, a Tomás se le abrió un mundo nuevo. Muy pronto el sótano de su casa se llenó de frascos con polvos y líquidos para hacer experimentos.

Ya grande el mismo Tomás dijo: “Mi madre compartía mis ideas, excepto cuando le ensuciaba la casa. Mi padre era otra cosa. Lo único que decía era: “Con esos experimentos un día volaremos todos por los aires”. A lo que mi madre contestada: “Así se entretiene y aprende... Cuándo te vas a enterar de que es un chico distinto a los demás?...”.

Ese  niño fue Tomás Alva Edison. Nació en 1847 en los Estados Unidos y fue uno de los más grandes inventores que han existido en la historia. Cuando murió a la edad de 84 años, había patentado más de mil inventos.

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